El pie: una herramienta de precisión

 

 
Los huesos, las articulaciones, los músculos y los tendones del pie forman la construcción mecánica más compleja del cuerpo humano. Cuando un hombre está de pie, la pequeña superficie de sus plantan debe soportar con estabilidad un peso medio de 70 a 120 kg. Al andar, el pie se adapta con flexibilidad a los desniveles de la superficie, indicándonos a través de estímulos nerviosos la clase de terreno que pisamos.
 
Así pues, el pie es una estructura que debe soportar mucho esfuerzo, capaz de ofrecer unas prestaciones extraordinarias.
 
Los huesos constituyen el armazón de apoyo del pie; los músculos, que están ligados a los huesos por los tendones, garantizan el movimiento y los nervios transmiten el impulso desencadenado de la contracción así como de la posición del cuerpo y cualquier forma de sensación dolorosa.
La piel de la planta desempeña tanto un papel protector como de recepción de estímulos y la secreción ácida de sus glándulas forma una capa protectora contra la penetración de sustancias patógenas.
 
Dicho esto y en atención a la relevancia y complejidad en la evolución de los pies de nuestros hijos, habremos de hablar de la importancia de un calzado específico para cada estadio de desarrollo de la marcha de los niños.
 
No cumple la misma función el calzado para bebés que todavía no han empezado a andar y que responde  exclusivamente a la protección contra el frío, la humedad y los golpes, que el zapato para los niños que gatean o los que ya empiezan a caminar, en cuyo caso habrá de permitirles sentir el terreno y afianzarles para favorecer un buen desarrollo del sistema nervioso y mejorar el equilibrio. Cuando ya caminan de forma independiente y el pie se ve sometido a mayores esfuerzos  necesitarán un calzado que evite posibles lesiones y ofrezca una mayor resistencia al uso.

© 2012   -  International Shoes Garvalin  -   Aviso legal